Ucrania: ¿Cómo se manifiesta la resiliencia en el sistema educativo del país?
Oksana Galushko da una clase de matemáticas en el Centro de aprendizaje digital ubicado en el Snihurivka Lyceum, el 20 de septiembre del 2024, en Snijurivka, en la región de Nicolaiev, en Ucrania.
Vivimos en un mundo donde las crisis están convergiendo. El cambio climático, la migración forzosa, los conflictos y las crisis económicas, por citar solo algunos. En este contexto, resulta fundamental reforzar la resiliencia del sistema educativo, es decir, su capacidad no solo para resistir las crisis, sino también para adaptarse y evolucionar. Mediante la iniciativa Observatorio sobre la Resiliencia de los Sistemas Educativos, implementada en el marco del Intercambio de Conocimiento e Innovación de la Alianza Mundial para la Educación (GPE KIX), seis observatorios regionales están ayudando a comprender qué significa la resiliencia de los sistemas educativos en distintos países.
El Observatorio en Europa Oriental, el Cáucaso y Asia Central ha finalizado recientemente la recopilación primaria de datos mediante entrevistas con informantes clave en ocho países. Mientras esperamos la publicación de los resultados completos más adelante este año, entrevistamos a miembros del equipo de investigación que han dialogado con ministerios de educación, organizaciones de la sociedad civil, agencias internacionales de desarrollo y otros actores.
En una serie de tres entradas de blog, analizamos cómo se entiende y se pone en práctica la resiliencia del sistema educativo en distintos países, qué ha cambiado a raíz de crisis pasadas y qué medidas hay que adoptar para prepararse ante futuras perturbaciones. En esta primera entrada de blog, conversamos con Tetiana Zherobkina, investigadora en educación en Ucrania y líder de proyecto en el Observatorio en Europa Oriental, el Cáucaso y Asia Central.
Pregunta: ¿Cuál es la percepción general que tienen las personas sobre la resiliencia del sistema educativo? ¿Es este un término ampliamente conocido y la mayoría de las personas lo entienden de manera similar?
Mi equipo y yo realizamos un total de 13 entrevistas con representantes gubernamentales (incluido el Ministerio de Educación y Ciencia de Ucrania), investigadores individuales, organizaciones de la sociedad civil y organizaciones internacionales de desarrollo. Esto nos permitió captar una amplia variedad de perspectivas, ya que los y las informantes que hemos entrevistado operan en distintos niveles: desde la configuración de los sistemas educativos nacionales, el trabajo directo con las comunidades en el terreno y la investigación en política educativa.
Quizá como era de esperar, todos los y las informantes estaban familiarizados con el concepto de resiliencia del sistema educativo. La palabra resiliencia (rezylientnist) se ha vuelto relativamente común en el discurso ucraniano, en parte debido a la pandemia de COVID-19 y en parte debido a la guerra en curso con Rusia. Junto a ello, las personas entrevistadas utilizaron un término ucraniano relacionado, stiykist, que abarca resiliencia, robustez, estabilidad y resistencia.
Sin embargo, al ser consultados para describir cómo es en realidad un sistema educativo resiliente, enfatizaron aspectos algo diferentes.
Los y las representantes gubernamentales tendían a describir la resiliencia como la capacidad del sistema para seguir funcionando a pesar de los choques externos, mantener el acceso a la educación, preservar la red existente de centros educativas y reconstruir aquellos que fueron destruidos como resultado de los ataques rusos. Los encuestados y las encuestadas de la sociedad civil y los investigadores y las investigadoras incluyeron con mayor frecuencia el bienestar psicológico del profesorado y de los niños y las niñas, así como la calidad del aprendizaje, no solo su continuidad.
Varios informantes también enfatizaron que un sistema resiliente no es simplemente aquel que resiste una crisis. Es el que continúa desarrollándose: reformando, construyendo nuevas instituciones y negándose a poner en pausa el progreso.
A pesar de estas diferencias, un punto en común atravesó todas las respuestas: la resiliencia se describió principalmente desde la perspectiva de la capacidad del sistema para responder a las perturbaciones, en lugar de anticiparlas. Esto concuerda con los resultados del estudio que hemos realizado en el marco del proyecto.
Ninguno de los informantes mencionó políticas específicas ni documentos estratégicos relacionados con la resiliencia del sistema educativo, aunque el término relacionado stiykist sí aparece en dichos documentos. Esto sugiere que la resiliencia en Ucrania existe actualmente más como una práctica que como una política deliberada. Es algo que el sistema realiza, pero que aún no ha institucionalizado plenamente.
Pregunta: ¿Han identificado las personas entrevistadas alguna perturbación en los sistemas educativos que haya dado lugar a nuevas políticas y prácticas, fortaleciendo y haciendo más resilientes dichos sistemas?
Entre las perturbaciones mencionadas por los y las informantes, dos destacaron como las más trascendentales para el sistema educativo de Ucrania: la pandemia de COVID-19 y la invasión a gran escala de Rusia en febrero de 2022. Si bien se trata de crisis distintas, coincidieron unánimemente en describirlas como profundamente interconectadas: el primero, en muchos aspectos, preparó al sistema para el segundo.
Durante los confinamientos que comenzaron en 2019, el aprendizaje a distancia se desarrolló rápidamente. El Gobierno puso en marcha la plataforma de aprendizaje Escuela en Línea de Toda Ucrania; niños y niñas de entornos vulnerables recibieron dispositivos para aprender en línea; y el profesorado adquirió las competencias digitales y los conocimientos necesarios para enseñar a distancia.
Cuando comenzó la invasión a gran escala de Rusia en 2022 y la educación fue interrumpida por la fuerza, la pausa fue breve. Tras el impacto inicial, las escuelas reanudaron la enseñanza: en línea, en formatos híbridos o de manera presencial cuando fue posible.
La reforma de descentralización de Ucrania, que comenzó en 2014 y ha transferido responsabilidades y presupuestos significativos del gobierno central a las autoridades locales, también se citó como un factor que contribuyó a ello. Las comunidades tenían la autonomía para encontrar soluciones locales de manera rápida, sin esperar instrucciones desde el nivel central.
La mayoría de los y las informantes describieron la característica definitoria de la resiliencia del sistema educativo de Ucrania como su capacidad para sobrevivir y seguir funcionando en el contexto de una guerra a gran escala. Ningún otro país de la región ha enfrentado algo comparable. A lo largo de cinco años de la guerra a gran escala, el sistema se ha adaptado a funcionar bajo condiciones de crisis diaria.
Esta adaptación se ha manifestado de diversas maneras. Por ejemplo, las escuelas han invertido en construir y equipar refugios donde el alumnado puede mantenerse seguro o incluso continuar aprendiendo durante ataques aéreos, ataques con misiles, ataques con drones o fuego de artillería. Se han puesto en marcha programas de apoyo psicosocial para alumnado y profesorado. Más escuelas, especialmente aquellas cercanas a las líneas del frente, han sido equipadas con dispositivos para garantizar que niños y niñas puedan acceder al aprendizaje a distancia incluso cuando la asistencia presencial es imposible.
Un logro importante ha sido la continuidad de la educación en sí misma: el aprendizaje no se detuvo. Uno de los principales retos ha sido el coste humano de esa continuidad. El profesorado ha asumido funciones para las cuales nunca fue capacitado. Por ejemplo, ha brindado apoyo psicológico a los niños y las niñas durante los bombardeos y se ha hecho cargo de su seguridad durante los ataques aéreos.
Y las comunidades han sido llevadas más allá de su capacidad. Por ejemplo, han reconstruido edificios destruidos o dañados en los lugares de residencia y han mantenido en funcionamiento los servicios sociales. Más allá de esto, el impacto psicológico tanto en los niños y las niñas como en los adultos se está acumulando de maneras que aún no son completamente visibles.
Pregunta: ¿Cuáles son las perturbaciones futuras más anticipadas en la educación y cómo se está preparando el país para afrontarlas?
Cuando se les pidió que reflexionaran sobre futuras perturbaciones en la educación, las personas encuestadas identificaron algunas: la continuación o una posible escalada de la guerra entre Rusia y Ucrania; los ataques continuos a la infraestructura energética y las consiguientes interrupciones en el suministro de electricidad y calefacción en las escuelas; el agravamiento de la crisis demográfica, impulsada por la emigración, las bajas tasas de natalidad y la incertidumbre sobre si las familias desplazadas regresarán del extranjero; un empeoramiento de la escasez de profesorado, ya que menos jóvenes ingresan a la profesión y el profesorado experimentado la abandona; y las consecuencias psicosociales a largo plazo de años de guerra, que han acumulado, entre niños, niñas y profesorado, traumas que aún no han salido plenamente a la luz.
Varias personas también señalaron el rápido desarrollo de la inteligencia artificial como un desafío emergente que el sistema aún no está plenamente preparado para abordar. Asimismo, señalaron que un déficit significativo en la financiación de la educación constituye otro posible reto, a la luz de la creciente reducción del gasto en educación.
En lo que respecta a la preparación, la situación es desigual. Por un lado, Ucrania ha desarrollado una de las infraestructuras de monitoreo educativo más sofisticadas de la región. Por ejemplo, una herramienta de mapeo de riesgos a nivel comunitario que proporciona una base sólida para la planificación anticipada.
Sin embargo, en la Ucrania en guerra, las herramientas que no fueron diseñadas específicamente para la educación también se han vuelto esenciales para ella. Por ejemplo, un sistema de alerta de ataques aéreos en tiempo real marca ahora también el ritmo de la jornada escolar, avisando al alumnado, al profesorado y a padres y madres cuando se producen las alertas.
Por otro lado, los y las informantes reconocieron abiertamente que la lógica del sistema continúa siendo, en lo esencial, reactiva. Como señaló un informante: «Nadie, en buena conciencia, podría haber planeado, en el siglo XXI, la necesidad de construir refugios antiaéreos en las escuelas».
Cuando la prioridad inmediata es simplemente mantener las escuelas abiertas y que los niños y las niñas sigan aprendiendo, el análisis prospectivo de riesgos compite con las demandas operativas urgentes, y la urgencia suele imponerse. Así pues, las medidas preventivas, cuando existen, han surgido en gran medida como un subproducto de la gestión de crisis, más que como un esfuerzo deliberado y proactivo.
En conclusión, la experiencia de Ucrania ofrece una lección importante para la investigación sobre la resiliencia de los sistemas educativos, así como para los responsables políticos en toda la región y más allá. Ofrece valiosos conocimientos sobre cómo puede manifestarse la resiliencia en contextos afectados por conflictos. Los resultados sugieren que la resiliencia no consiste simplemente en mantener el acceso a la educación durante las crisis, sino que es la capacidad de los sistemas educativos para adaptarse, evolucionar y seguir mejorando en medio de perturbaciones prolongadas.
Las inversiones realizadas antes de una crisis, o en respuesta a perturbaciones previas, como la infraestructura de aprendizaje digital, el desarrollo de la capacidad docente y la gobernanza descentralizada, han resultado fundamentales para permitir una adaptación rápida ante nuevas crisis.
Al mismo tiempo, la experiencia de Ucrania pone de relieve que la resiliencia tiene un costo. Si bien los sistemas educativos, el profesorado, el alumnado y las comunidades han demostrado una notable capacidad de adaptación, mantener la educación en condiciones de crisis prolongada puede imponer cargas psicológicas y emocionales significativas a las personas involucradas, muchas de las cuales no resultan evidentes a primera vista.
Estos resultados ponen de relieve la importancia de entender la resiliencia como un concepto multidimensional que va más allá de la continuidad del aprendizaje e incluye la gobernanza, las infraestructuras, la calidad del aprendizaje y el bienestar psicosocial, especialmente en entornos afectados por conflictos.
Las opiniones expresadas por los entrevistados y el investigador no representan necesariamente las de la GPE o sus socios.
Las conclusiones regionales completas del Observatorio en Europa Oriental, el Cáucaso y Asia Central se publicarán en un informe más adelante en 2026, disponible en el sitio web de GPE KIX.