Construyendo resiliencia educativa: Perspectivas de América Latina y el Caribe
Durante la pandemia de COVID-19, los países de América Latina y el Caribe implementaron estrategias nacionales multimodales para la continuidad educativa, combinando plataformas en línea, televisión, radio, materiales impresos y grupos de WhatsApp para mantener el aprendizaje durante el cierre de las escuelas. Tras la pandemia, el programa de Recuperación y Mejora del Aprendizaje (Let’s REAP!) surgió como una estrategia regional en el Caribe para promover la recuperación y la mejora del aprendizaje, coordinando esfuerzos entre países para fortalecer la enseñanza y acelerar el aprendizaje que los estudiantes habían perdido. Todas estas iniciativas reflejaron una notable capacidad de resiliencia para adaptarse a circunstancias altamente disruptivas.
La pandemia no ha sido, ni será, la única disrupción importante. La región enfrenta otras formas de disrupción educativa causadas por eventos naturales como huracanes o inundaciones, violencia armada, migración masiva y otras crisis sanitarias. Por ello, es necesario fortalecer la resiliencia de nuestros sistemas educativos para adaptarnos a las crisis actuales y prepararnos para futuras disrupciones. Pero ¿qué significa realmente la resiliencia educativa en la región?
Un nuevo informe regional elaborado por el Observatorio para la Resiliencia Educativa en América Latina y el Caribe (AdaptED), junto con un informe de recomendaciones de política, da luces sobre cómo los países de la región entienden actualmente la resiliencia educativa. Si bien la resiliencia se menciona en algunos documentos de políticas, su integración como enfoque rector sigue siendo débil. Por su parte, si bien los grupos vulnerables se reconocen como prioridad en las políticas, las soluciones institucionales propuestas para apoyarlos a afrontar situaciones difíciles son aún muy limitadas. Finalmente, los países identifican el cambio climático, los desastres y la migración como perturbaciones altamente relevantes para la educación; sin embargo, las respuestas escasamente adoptan un enfoque integral y orientado a la resiliencia para abordar estas disrupciones.
Nuestro enfoque
AdaptED, que forma parte del GPE KIX y su iniciativa de Observatorios sobre Resiliencia del Sistema Educativo, está liderado por el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), en colaboración con SUMMA, el Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y el Caribe, y UNICEF América Latina y el Caribe. El proyecto examina los significados y las prácticas de la resiliencia, y las posibles disrupciones futuras en los sistemas educativos, en 11 países socios de la GPE en la región, entre ellos Belice, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.
El informe, basado en la revisión documental de leyes educativas nacionales, planes estratégicos y marcos curriculares, aborda la siguiente pregunta: ¿Cómo se entiende la resiliencia educativa en los países de América Latina y el Caribe? Para los fines del proyecto, conceptualizamos la resiliencia del sistema educativo como la capacidad de absorber, superar y adaptarse a situaciones inesperadas, garantizando que la enseñanza y el aprendizaje no se detengan debido a dichas disrupciones. Como parte de la revisión documental, examinamos el uso del término resiliencia y otros conceptos relacionados en los documentos seleccionados, los tipos de disrupciones que se mencionan con mayor frecuencia en estos documentos y los apoyos disponibles para las poblaciones vulnerables en diferentes tipos de crisis.
Resiliencia Educativa en LAC: Cuatro Hallazgos Clave
1. Se menciona la resiliencia, pero su integración como enfoque para el diseño de políticas es limitada
Uno de los hallazgos clave de la revisión documental es que el concepto de resiliencia aparece esporádicamente en documentos seleccionados de diferentes países. Si bien es más frecuente en los planes educativos estratégicos, especialmente en los países del Caribe, tiende a enmarcarse en la resiliencia individual (por ejemplo, estudiantes o docentes resilientes), en lugar de la resiliencia como una característica del sistema educativo en su conjunto.
Dominica emerge como un caso excepcional en la integración del concepto de resiliencia. Tras la devastación causada por el huracán María, el país adoptó una Estrategia Nacional de Desarrollo de la Resiliencia para promover un enfoque sensible a la resiliencia en su planificación educativa (infraestructura, apoyo psicosocial, sistemas de datos y preparación ante desastres). Otros países, en cambio, hacen referencia a la resiliencia en relación con la transformación digital (Guyana), la infraestructura escolar (Santa Lucía) o las capacidades estudiantiles (Belice), pero pocos articulan una visión completamente sistémica.
2. El "fortalecimiento" es un elemento clave de la resiliencia en diversos documentos
El término resiliencia se utiliza poco en los documentos analizados. Sin embargo, las referencias a conceptos relacionados con la resiliencia son comunes. La idea de fortalecer los sistemas educativos se plantea con mucha frecuencia. En todos los países, el fortalecimiento se asocia principalmente con la mejora de la infraestructura, la gestión educativa, la formación docente y el apoyo a las poblaciones vulnerables. Por otro lado, las capacidades básicas asociadas con la resiliencia, como la anticipación, la prevención, la mitigación y la recuperación, aparecen con mucha menos frecuencia y solo se mencionan en contextos muy específicos. ¿Qué nos dice esto? Este patrón sugiere que, si bien los países visualizan mejoras a largo plazo en el sistema, aún no han integrado plenamente un enfoque sistémico orientado a las disrupciones en el diseño de políticas y programas educativos.
3. El cambio climático, los desastres y la migración se identifican como desafíos clave
Tres tipos de disrupciones están configurando actualmente las agendas educativas nacionales: desastres (huracanes), cambio climático y migración. Los desastres son la amenaza más frecuentemente mencionada y están estrechamente vinculados a las preocupaciones sobre la infraestructura escolar y la seguridad estudiantil. El cambio climático, a su vez, se aborda mediante estrategias de adaptación y gestión de riesgos, aunque éstas a menudo carecen de herramientas de implementación concretas. La migración también se ha convertido en un desafío cada vez más visible, asociado con la deserción escolar, la violencia, las barreras lingüísticas y los complejos procesos de reintegración de la niñez migrante a los sistemas educativos, especialmente en Centroamérica y el Caribe.
4. Se reconocen los grupos vulnerables, pero las soluciones institucionales son limitadas
La revisión documental muestra que los países de la región reconocen las complejas situaciones que enfrentan las poblaciones vulnerables en momentos de disrupción educativa. Todos conocemos esta realidad: las crisis impactan más profundamente a quienes ya experimentan múltiples formas de desigualdad, ya sea por clase social, estatus socioeconómico, género, origen étnico, estatus migratorio o lugar de residencia, lo que resulta en trayectorias educativas más frágiles y mayores barreras para niños, niñas y adolescentes. Esto significa que los estudiantes que viven en situaciones de pobreza, en comunidades rurales o indígenas, los estudiantes migrantes, o que sufren alguna discapacidad y las niñas en general, están expuestos a mayores riesgos educativos. Si bien los documentos de política reconocen a estos grupos, a menudo no describen estrategias concretas para abordar los riesgos superpuestos que enfrentan durante momentos de crisis.
Construyendo Resiliencia Educativa: Un Enfoque Interseccional y Sistémico
¿Hacia dónde nos dirigimos? La resiliencia educativa, especialmente a nivel de sistema, en LAC aún está en gran medida en construcción. Los países del Caribe muestran un mayor progreso debido a su alta exposición a desastres; sin embargo, en toda la región, la resiliencia aún no está plenamente integrada en el diseño del poltícas y prácticas en el sistema educativo.
Un enfoque basado en la resiliencia ofrece una perspectiva poderosa para comprender que la vulnerabilidad en la educación es fundamentalmente interseccional, ya que la pobreza, la etnia, el género, la discapacidad y la migración interactúan para moldear las trayectorias educativas de maneras complejas y desiguales. Sin embargo, en muchos documentos de política nacional, la resiliencia sigue enmarcándose principalmente en términos del desarrollo de habilidades individuales (de estudiantes, docentes o escuelas), en lugar de ser una característica del sistema educativo en su conjunto.
Las perturbaciones o disrupciones causadas por fenómenos naturales, pandemias, migración o violencia no ocurren de forma aislada, sino que se superponen e interactúan, generando efectos muy negativos para los grupos de población más vulnerables. Por lo tanto, construir sistemas educativos resilientes requiere considerar cómo se desarrollan los sistemas y diseñar capacidades institucionales para responder eficazmente a escenarios cada vez más inciertos.
En resumen, el primer informe comparativo elaborado por el Observatorio no solo ayuda a comprender cómo los gobiernos nacionales de LAC entienden la resiliencia educativa, sino que también ofrece un puno de partida para pensar los desafíos que implica integrar un enfoque de resiliencia en el diseño e implementación de políticas y prácticas educativas. Este enfoque podría permitir que los sistemas educativos aborden y respondan a disrupciones tales como los desastres, el cambio climático y la migración, que aún les resulta difícil gestionar eficazmente.